Hacer la colada es indispensable. Nadie puede eludir esta tarea por mucho que lo quiera. Si no lo hace un por su propio pie, encontrara a alguien que lo haga en su nombre. La ropa limpia es necesidad, no solo a nivel social, a título propio no es saludable ir harapiento o con la ropa sucia. En nuestro país, lo habitual es disponer de una lavadora en la vivienda. Desde tiempos remotos, la colada la hacían las mujeres, en el rio, el pozo o en cualquier espacio con agua que bien podía ser una fuente. La cuestión era lavar la ropa como fuera posible.
Por fortuna alguien inventó la lavadora y libro del trabajo duro a las hacendosas mujeres. Con el paso del tiempo, la evolución de la lavadora implicó la de las lavanderías de autoservicio. Estos espacios, han ido ganando popularidad y terreno en nuestro país, aunque en otros, siempre han existido. Las lavanderías de autoservicio son la alternativa al lavado doméstico. Eficientes, cómodas y económicos, estos establecimientos, permiten a sus usuarios lavar y secar grandes volúmenes de ropa en muy poco tiempo, sin tener que invertir en electrodomésticos o productos de limpieza.
Una de las razones del auge de este tipo de servicio, se debe a la gran demanda existente. Factores como el encarecimiento de la luz, la falta de espacio en muchas viviendas y urbanas y el ritmo de vida tan acelerado que llevamos, impulsa su crecimiento desde hace años. En este contexto las fábricas de lavadoras desempeñan un papel esencial, ya que proporcionan los equipos de lavandería de alta calidad, adaptados a las necesidades de los usuarios y los propietarios de los negocios.
Aunque el concepto de lavandería de autoservicio tiene ya una edad, nació en Estados Unidos allá por el año 1934, en nuestro país, lo habitual era disponer de lavadora en casa. Mientras que en otros países como el mencionado, lo habitual es acudir a la lavandería o cuarto de lavadoras del edificio en el que se reside.
Un origen casi centenario
Como decimos, el origen de las lavanderías de autoservicio, se remonta al año 1934 en Estados Unidos, concretamente en Forth Whorth, Texas. La idea de la que parte era muy sencilla: ofrecer a los clientes lavadoras industriales, previo pago de una tarifa, lo que permitía disponer de un acceso fácil y rápido a la limpieza de la ropa. Dada su conveniencia y eficiencia, el modelo de negocio se expandió a otros países.
En Europa, la lavandería de autoservicio aterrizo en las décadas de los cincuenta y sesenta, como nos cuentan los expertos en servicios de lavandería de Lavatur. En ese momento, se ajustaban a las necesidades de una sociedad que se encontraba en plena transformación. Siendo Reino Unido, uno de los países en los que mayor aumento se dio durante los sesenta, coincidiendo con los cambios socioeconómicos que, a su vez, exigían soluciones más eficaces para lavar la ropa.
Con el paso del tiempo, se han ido incorporando las innovaciones que mejoran la eficiencia operativa de la maquinaria y la experiencia del usuario. La implementación del Internet de las Cosas, por ejemplo, ha posibilitado la conexión de los diferentes equipos, a sistemas centralizados que facilitan el monitoreo en tiempo real, así como el mantenimiento predictivo. Estos aspectos no solo hacen posible que se mejore su rendimiento, al mismo tiempo, contribuye a que se mejore la eficiencia energética, reduciendo notablemente los tiempos de inactividad.
Además las tecnologías modernas, permiten el desarrollo y creación de equipos que son cada vez más funcionales, en los que se prioriza la facilidad de uso.
En el caso particular de España, las primeras lavanderías de autoservicio surgieron en los años sesenta y setenta, en las grandes ciudades, como Madrid y Barcelona. Años después, fueron ganando en presencia debido a los cambios sociales, como la incorporación de la mujer al mundo laboral o la reducción del tiempo disponible para realizar las tareas del hogar. Estos aspectos, impulsaron el crecimiento de este tipo de lavanderías, haciendo que se convirtieran en la solución ideal y práctica para muchas familias.
No obstante el auge de las lavanderías de autoservicio en nuestro país, se está dando en los últimos años. En la actualidad, se calcula que el número de lavanderías se ha incrementado en casi el setenta y cinco por cien en el pasado año. Según los datos que proporciona el informe de la Asociación Española de Franquiciados del pasado año, se estima que contamos con más de mil novecientos setenta y cinco establecimientos abiertos. En tanto que en el año dos mil dieciséis, la cifra se quedad en mil ciento treinta.
Podemos determinar que las lavanderías de autoservicio, se han transformado por completo con la digitalización y la sostenibilidad, ofreciendo un servicio eficiente y rentable. Su desarrollo y evolución a lo largo de su historia, ha sido constante y, todo apunta a que seguirá en la misma línea.
Un servicio cada vez más utilizado
Hasta hace unos años, escuchar eso de “me voy a la lavandería” era algo que solo se producía a través de las películas americanas. Sin embargo hoy, es cada vez más frecuente escucharlo en cualquier lugar y momento. Los cambios de hábito sufridos por la sociedad, los entornos urbanos en los que las viviendas son cada vez más pequeñas, o el aumento de los costes de la luz, han disparado la afluencia de las personas a este tipo de servicios.
Cada vez es más habitual prescindir de la lavadora, ya que el uso de las lavanderías de autoservicio, se ha incrementado un diez por cien en el último año. Las razones por las que los ciudadanos optan por este servicio en lugar de contar con su propia lavadora en casa, son de lo más diverso. Poco importa la razón, no obstante, lo que cuenta es que el servicio sigue en auge y no parece que existan visos de parar ese fervor.
Una de esas razones, resulta más que evidente: las cuentas están claras. Si la electricidad no deja de subir, poner la lavadora cuesta cada vez más. La factura media de un hogar supera con creces los cien euros. Todo señala que esta situación no va a cambiar, así que, hacer la colada en la lavandería, es una excelente manera de evitar sobre costes en la factura.
Cualquier momento es bueno para hacer la colada en una lavandería. Ofrecen servicios de veinticuatro horas o, como poco, de doce. Dado que las tarifas eléctricas vienen con discriminación horaria y poner la lavadora de día resulta más costoso, pero por la noche no es lo más recomendable en según qué circunstancias, mejor ir a la lavandería. Su amplio horario y el mismo coste en cualquier momento, son otro punto a favor.
¿Más razones? Por supuesto. Se puede lavar más ropa en una sola colada. De media se ponen entre dos y cinco lavadoras a la semana, en función de las personas que vivan en la vivienda. En total, entre poner lavadoras, tenderlas, doblarlas, planchar la ropa y guardarla… tomamos entre cuatro y diez horas a la semana en hacer la colada. En una lavandería de autoservicio, puedes lavar desde ocho hasta dieciocho kilos, además de secar la ropa. Todo de una sola vez porque cabe toda la colada de la semana.
Del lado de la sostenibilidad, resulta más ecológico, higiénico y saludable. Son muchas las personas que muestran preocupación por el medio ambiente y, por suerte, cada vez hay mayor concienciación al respecto. Acudir a este tipo de servicios, es más ecológico que hacerlo en caso. Si te preocupa la higiene, las lavadoras y secadores de estos servicios, desinfectan la ropa a elevadas temperaturas sin dañarla, algo que en las lavadoras domesticas no es tan sencillo. Lo que resulta a su vez, de gran utiliza para las personas que padecen alergia y necesitan eliminar ácaros, polvo, pelos de mascota, etc.
También es posible lavar la ropa de la mascota, puesto que en muchas de estas lavanderías, disponen de máquinas diseñadas para lavar la ropa y accesorios de los animales domésticos.
Y como última razón… en muchos de estos establecimientos, los clientes habituales, ahorran más. Ofrecen tarjetas de cliente que permiten ahorrar en cada lavado y acumular saldo en las mismas.
En definitiva, la colada ya no es una tarea tan pesada. La evolución de las lavanderías ha pasado por la lavandera tradicional que, siendo una tarea ardua, se realizaba por las manos de mujeres hacendosas, en ríos o lavaderos públicos. Con la llegada de las primeras lavadoras, sobre todo las eléctricas, se produjo un antes y un después. A partir de ahí, la idea de compartir las máquinas se convirtió en negocio.
Llegamos a las lavanderías de autoservicio, cuyo valor en alza, ha derivado en una expansión notable. Proporcionando una excelente alternativa, rápida y económica al lavado doméstico.
Todo esto, sin olvidar las lavanderías industriales, con un papel esencial en cuestiones de higiene y prevención de enfermedades, sobre todo tras la pandemia.
En resumen, comodidad, ahorro, eficiencia, transformación del rol doméstico, adaptación a la vida urbana y, por supuesto, un negocio en auge. Todo esto, nos aportan los servicios de lavandería actuales.

