La publicidad forma parte de la vida cotidiana hasta el punto de que resulta difícil imaginar una ciudad sin carteles, anuncios, escaparates o campañas digitales. Sin embargo, su historia comenzó mucho antes de la aparición de Internet, la televisión o incluso la imprenta. Desde las primeras civilizaciones, las personas han buscado formas de difundir mensajes, dar a conocer productos o atraer la atención del público.
La evolución de la propaganda y de la publicidad refleja, en realidad, la evolución de la propia sociedad. Cada avance tecnológico ha transformado también la manera de comunicar, pasando de los pregoneros en las plazas a los algoritmos capaces de personalizar anuncios para millones de usuarios. Aunque los soportes han cambiado radicalmente, el objetivo continúa siendo el mismo: captar la atención y transmitir un mensaje que permanezca en la memoria.
De los pregoneros a los primeros anuncios impresos
Mucho antes de que existieran las agencias de publicidad, los comerciantes ya necesitaban dar a conocer sus productos. En la Antigua Grecia y en Roma era habitual recurrir a pregoneros que anunciaban mercancías en mercados y espacios públicos, mientras que tabernas y talleres utilizaban símbolos o ilustraciones para identificar sus negocios entre una población donde gran parte de los ciudadanos no sabía leer. La invención de la imprenta durante el siglo XV supuso un punto de inflexión. La posibilidad de reproducir textos e imágenes en grandes cantidades permitió la aparición de los primeros anuncios impresos, que poco a poco comenzaron a ocupar periódicos, panfletos y carteles.
La Biblioteca Nacional de España conserva numerosos ejemplos de carteles históricos que muestran cómo la publicidad fue evolucionando desde simples avisos comerciales hasta convertirse en un medio capaz de combinar información, ilustración y creatividad. Estos documentos permiten observar la estrecha relación entre el desarrollo artístico y la comunicación comercial a lo largo de los siglos. Con la Revolución Industrial, el crecimiento de las ciudades y la producción en serie hicieron que la publicidad adquiriera una importancia todavía mayor. Las empresas ya no competían únicamente por fabricar más, sino también por conseguir que el público recordara sus marcas.
El siglo XX convirtió la publicidad en un fenómeno cultural
La llegada de la radio, el cine y posteriormente la televisión cambió completamente las reglas de la comunicación. Por primera vez era posible transmitir el mismo mensaje de manera simultánea a millones de personas. Las grandes campañas publicitarias comenzaron a formar parte de la cultura popular. Muchos eslóganes, personajes o melodías trascendieron el ámbito comercial hasta convertirse en referencias reconocibles por varias generaciones.
Al mismo tiempo, la publicidad exterior experimentó un enorme crecimiento. Carteles, marquesinas, rótulos luminosos y vallas publicitarias transformaron el paisaje urbano de las grandes ciudades, convirtiendo calles y carreteras en nuevos espacios para la comunicación visual. La Real Academia Española, al definir el concepto de propaganda, recuerda que su finalidad consiste en difundir ideas, información o mensajes con el propósito de influir sobre un determinado público. Aunque propaganda y publicidad poseen objetivos diferentes en muchos contextos, ambas comparten técnicas relacionadas con la comunicación persuasiva y la construcción de mensajes memorables. Durante esta etapa también nacieron muchas de las disciplinas que siguen siendo fundamentales en el marketing actual, como la investigación del consumidor, la planificación de medios o el diseño de identidad visual.
La publicidad exterior ha sabido adaptarse al paso del tiempo
A pesar del crecimiento de Internet y de las plataformas digitales, la publicidad exterior continúa desempeñando un papel relevante dentro de las estrategias de comunicación. Su capacidad para integrarse en los desplazamientos cotidianos permite que miles de personas entren en contacto con un mismo mensaje sin necesidad de buscarlo activamente. Sin embargo, no todos los formatos ofrecen las mismas características. La ubicación, la duración del impacto o el contexto en el que el público recibe el anuncio influyen directamente en la eficacia de cada campaña.
En un análisis sobre la publicidad en autobuses y en vallas publicitarias, Publigar explica que ambos soportes responden a objetivos diferentes dentro de la publicidad exterior. Mientras las vallas proporcionan una presencia constante en una ubicación concreta, la publicidad instalada en autobuses permite que el mensaje recorra distintos puntos de la ciudad y alcance públicos diversos a lo largo de sus recorridos habituales. Este enfoque pone de manifiesto que la elección del soporte depende tanto del público al que se dirige la campaña como del tipo de impacto que se pretende conseguir.
Esta capacidad de adaptación explica por qué muchos formatos tradicionales siguen utilizándose junto a las campañas digitales, formando estrategias de comunicación complementarias en lugar de excluyentes.
Del cartel en la calle al anuncio personalizado
La revolución digital ha transformado profundamente la manera en que las marcas se relacionan con el público. Hoy es posible adaptar mensajes según intereses, ubicación o hábitos de navegación, algo impensable hace apenas unas décadas. Sin embargo, esta evolución no ha eliminado los medios tradicionales, sino que ha favorecido una convivencia entre canales físicos y digitales. Una campaña puede comenzar con un anuncio exterior, continuar en redes sociales y finalizar mediante una búsqueda realizada desde un teléfono móvil.
La Asociación Española de Anunciantes destaca que las estrategias actuales integran múltiples canales de comunicación para construir una experiencia coherente, donde cada soporte desempeña una función específica dentro del conjunto de la campaña. Por su parte, la UNESCO ha señalado en diversas publicaciones dedicadas al patrimonio gráfico que los carteles publicitarios constituyen también un testimonio de la evolución cultural y artística de cada época. Su diseño permite comprender los valores sociales, las modas y las formas de comunicación características de distintos momentos históricos.
La historia de la publicidad demuestra que comunicar nunca ha consistido únicamente en vender un producto. Desde los pregoneros de la Antigüedad hasta los anuncios personalizados de la actualidad, cada generación ha desarrollado nuevas formas de captar la atención utilizando las herramientas tecnológicas disponibles en cada momento. Aunque los soportes cambien y aparezcan nuevos canales de comunicación, la necesidad de transmitir ideas de forma clara, creativa y memorable continúa siendo el verdadero motor de la publicidad. Por eso, más que una simple actividad comercial, la divulgación publicitaria constituye también un reflejo de la evolución cultural, tecnológica y social de cada época.

