El arte del tatuaje

Si definimos el arte como la capacidad o habilidad para hacer algo, como reza la RAE, todos somos artistas, puesto que quien más y quien menos, tiene alguna capacidad. Otro de los conceptos que ofrece la RAE, es que se trata de una actividad que consiste en crear obras que, mediante recursos principalmente plásticos, visuales, sonoros o literarios, producen una estimulación estética o intelectual. Aunque el diccionario de la Real Academia Española, ofrece más acepciones, nos quedamos con esta segunda. Básicamente porque es la que viene al caso.

En este artículo queremos hablar de arte y tatuajes. O lo que viene a ser, el arte del tatuaje, esa forma de modificación corporal consistente en alterar el color de la piel, plasmando un dibujo, patrón, figura, o texto. El origen del tatuaje, se pierde en la bruma del pasado. Un arte milenario que acompaña a todas las culturas desde la antigüedad en prácticamente todos los puntos del planeta. Vinculado a ritos y rituales, fueron estigmatizados durante siglos, sin embargo, en la actualidad, son tan populares como demandados. Ya no es sinónimo de delincuente o persona alocada. Los tatuajes se mueven dentro del concepto de arte y la autodefinición. Entre dos puntos antagónicos como son la tinta que define el tatto y el dolor de las agujas que lo crean.

La palabra tatuaje, procede de una palabra polinesia “ta”, cuyo significado es golpe. Este término, evoluciono hasta “tatau” en el idioma tahitiano, cuyo significado es marcar. El tatuaje más antiguo se encontró en una momia congelada, descubierta en los Alpes. Espalda y rodillas estaban tatuadas en un cuerpo que parecía datar del Neolítico tardío.

Teniendo en cuenta que en aquellos tiempos remotos, los humanos se expresaban más con arte que con palabras, podemos decir que, el tatuaje es un arte. Aunque vamos a adentrarnos más esta cuestión.

Un arte trasciende… el tatuaje también

Es inevitable pensar en pinturas, esculturas, obras musicales, teatrales o literarias. Evocar museos, teatros o salas de arte, es lo más fácil cuando se habla de arte. El arte es algo que trasciende. Más allá de su definición lingüística, el arte nos emociona, nos invade, nos acompaña y sobrevive generaciones. El arte de tatuar, trasciende culturas y épocas, como nos señalan desde Rittual Tattoo, tatuadores con larga trayectoria en el sector.

Desde las civilizaciones más antiguas como la egipcia o la sudamericana, el tatuaje forma parte de la historia, siendo una forma de expresión, identidad y conexión con lo sagrado. Ya en la antigua Grecia y Roma, los tatuajes, se consideraban adornos, símbolo de culto a deidades y marcas de servidumbre o señal de pertenencia a un grupo social en particular.

Si nos vamos a oriente, en Japón, los tatuajes eran un distintivo de la clase alta, desde el siglo V antes de Cristo, con el que se adornaba el cuerpo en base a intrincadas obras de arte. En la actualidad, se asocia a la organización criminal Yakuza, temida y perseguida. En la China del siglo octavo, el tatuaje era el medio utilizado para identificar a los criminales. Lo que deja claro que a lo largo de toda la historia de la humanidad, el tatuaje ha cumplido con más de una función. Desde formar parte de un ritual religioso y ser una marca tribal, hasta los símbolos de protección y adornos estéticos más actuales. Dentro de cada cultura, cuentan con un significado y valor particular, reflejando creencias, valores y tradiciones.

En la sociedad actual, tras un largo período de estigmatización, el tatuaje ha pasado de ser un tabú, a convertirse en una forma de expresión personal. El tatuaje se ha convertido en una excelente manera de fijar historias, conmemorar momentos especiales y expresar la propia identidad… todo ello, a través de un arte muy especial.

Un factor a tener en cuenta, son los avances tecnológicos en la maquinaria utilizada por los profesionales y los pigmentos. Añadido a la influencia de celebridades y figuras públicas, su popularización ha sido muy elevada en los últimos años. Si hace unas décadas, los tatuajes eran un claro motivo de descalificación en diversos puestos de trabajo o a la hora de formar parte de una unidad de elite, en la actualidad, no es motivo de discriminación.

Asociados a marineros, presidiarios y prostitutas, en los años setenta, constituyo un signo de rebeldía. Su uso se extendió llegando a ser adoptado por deportistas, músicos y actores una década después, hasta convertirse en algo natural como el uso de una pulsera.

En Estados Unidos, se calcula que entre un treinta y cuarenta por cien de la población cuenta con un tatuaje en su cuerpo. En la Unión Europea, la cifra es muy similar, siendo más variable en países como China o los pertenecientes a América del Sur.

Es tal el esplendor que vive el tatuaje que, las convenciones que se hacen en base a ellos, se consideran como eventos de arte corporal. Estas convenciones, reúnen a artistas, entusiastas y aficionados. Tanto es así que en Los Ángeles, la Tatto Convencion anual, reúne a treinta mil visitantes y trescientos artistas cada año. En Paris, la cifra llega a las veinticinco mil.

Tatuar es un arte y el tatuador, un artista

Un artista es, según el diccionario, alguien que piensa, crea o produce una obra artística. Muchos tatuadores, antes de dedicarse a este oficio, han sido pintores, dibujantes, diseñadores o grafiteros. Algunos de ellos, siempre tuvieron claro que querían ser tatuadores, sin embargo, una gran mayoría, siguió un camino de lo más dispar, antes de convertirse en artistas de la piel.

De hecho, muchos no dejan su profesión para ser tatuadores, se mantienen en ambos mundos, de manera complementaria. Un arte, siempre bebe de otro.

Otro aspecto a tener en cuenta es el hecho de cuando una obra de arte, se considera como tal. Este tema implica un debate extenso, sobre todo porque el arte es algo muy, pero que muy subjetivo y particular. Sin embargo, queda muy claro que esta rama que comparte campo visual y plástico pueden ser consideradas como obras artísticas. Lo que nos lleva al artista.

Pensar en el tatuador como un artista no es descabellado. Al contrario, se es tatuador y artista al mismo tiempo. Como sucede con un pintor o escultor. Existen muchos tatuadores que dedican su tiempo al oficio, sin más. Otros, por el contrario, buscan algo más que vivir de su trabajo. Su propia búsqueda personal, se plasma en los diseños que realiza y siempre buscan diferenciarse de alguna manera. Esto es algo que en el mundillo, se denomina como el estilo del tatuador. La decisión de tatuarse algo en la piel, con una persona u otra, depende del estilo de quien lo va a lucir (o esconder). Muchos de los que buscan tatuarse, pretenden ser el lienzo del artista tatuador, ofreciendo su cuerpo para llevar su obra.

Para los que entienden el tatuaje como un arte, es fácil pensar y preguntarse cómo es la creación y las particularidades que tiene. Como decimos, cada pieza artística, posee algo que la define y diferencia de otras. En este caso, además, el lienzo no es un objeto, es una persona. Razón por la que se produce un intercambio en el cual, la relación entre tatuador y tatuado, se estrecha, convirtiéndose en una combinación entre lo que busca el tatuador y las querencias del tatuado.

Llegado este punto, el tatuador ofrece a la persona que quiere tatuarse, su conocimiento, su experiencia, las herramientas, su habilidad artística y creativa y, por supuesto, el tiempo que le va a dedicar. Lo que nos lleva al coste y si es correcto cobrar por hacer un tatuaje.

La respuesta es indudablemente, sí. Un tatuador debe cobrar por su trabajo. Del mismo modo que lo hace un artista. Puede que alguien piense que el arte no se paga, pero resulta muy caro. No solo las piezas antiguas. Los pintores, escultores o músicos, cobran bien por su trabajo. ¿Por qué no iba a hacerlo un tatuador?

El arte del tatuaje es igualmente un oficio, del cual se puede vivir. Combinar lo que uno quiere hacer con las necesidades del comercio o el cliente, puede ser complicado. Hay que entender que todo va a su tiempo, en función del ritmo y necesidad de cada persona. Puede resultar difícil poner un precio al esfuerzo de cada tatuador, pero hay que valorar su trabajo con criterio.

Negocio y arte se fusionan. El mundo del tatuaje es apasionante. Un arte que habla de muchas culturas y sociedades, con su propia marca a lo largo de la historia. El tatuaje es arte, es expresión y es pasión. Pueden darse casos en los que el tatuador solo busque la parte económica, pero la mayoría, lo viven de otra manera. Además de que no es criticable que alguien quiera hacer de su pasión un buen negocio. Comercializar el tatuaje no le quita valor como expresión a nivel artístico. Como ya hemos dicho, los artistas de otro tipo, cobran y se lucran en muchos casos.

El arte es un medio de expresión que suele eludir las palabras (salvo en los escritores y los actores) y mostrarse con formas, colores y sonidos.

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